jueves, 26 de febrero de 2015

Crítica teatral: espejos, arlequines y una multitud que está en un “selfie”




Siendo aproximadamente las seis, el Parque de la Exposición mantiene ese encanto suyo que hace que la gente asista sin pretender otra cosa que sentarse en el pasto a conversar o descansar en una banca para ver la Fuente China. Ese encanto se contagia mientras uno camina para hacer fila en los escalones de la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático (Ensad), pues la institución  ofrece gratuitamente obras de teatro para el público en general. No pasan de 20 las personas que esperan para recoger su pase y la cartilla informativa de descuidado estilo de redacción.

Se inicia de este modo y hasta la próxima semana el encuentro Ficciones Teatrales En Construcción (Fitec). En este espacio, alumnos egresados de la Ensad se enfrentan a esa obvia constante en sus vidas artísticas: el público.  Pero se enfrentan con lo aprendido durante el curso investigación teatral. Las puestas integran un cuerpo de investigativo que ha tomado un año de esfuerzo, hipótesis reafirmadas y desechadas, así como “nuevas formas de hacer teatro, de componer una ficción”, como dice Guadalupe Vivanco, orientadora del curso de Investigación Teatral, en la cartilla informativa.

Hoy día se presentaron tres obras. La primera es “El espejo no hace milagros” de Sebastián Salazar Bondy. Cesia Romero, de delgada figura, fue la encargada de teatralizar este monólogo. Interesante la forma en que se reproducen imágenes en la pared del fondo, dando con ello una mayor representatividad a la esencia del monólogo: la dificultad por no tener las competencias para responder a un cánon de belleza socialmente establecido.

La segunda obra fue “Arlequín Rey”, proyecto del artista Narayana Campos. Vestido como un bufón, más precisos, arlequín, el artista despliega inmensurable energía y corrección. Recorre el escenario (demasiado vecino para el espectador) y nos cuenta la historia de un arlequín que llega a ser rey, se enfrenta a la corte y pelea batallas. También nos cuenta el drama de no saber quiénes realmente somos, “salvo Dios”. Dos máscaras, una capa, una corona y una espada le sirven de acompañante a este artista que nos dijo que solo hace falta encontrar un papel y encontrar lo poco de original que tenemos para desplegarlo en el rol a profundidad. El arlequín se mueve como una serpiente, ostenta exuberante energía. Por eso, no obstante, llega el comentario de un profesor de esta institución: “le ha faltado silencio, tiene mucha energía. Pero el silencio… puede decir mucho también”. Opina luego que el necesario silencio provendrá de la sola práctica.

Tras la culminación de la escena se invita al público a salir para acondicionar la sala. Ya es de noche afuera y los comentarios sobre “Arlequín Rey” no se hacen esperar. Otro asistente empieza a cambiar su voz de manera burlesca y repetitiva. Ciertamente, es el efecto del papel de Narayana. Frente a nosotros el Parque ya está mucho más desolado y las luces prendidas se reflejan en el piso de cemento como un río de aguas quedas. “Qué bonito debe ser en invierno por estas horas”, me digo envidiando la tarea de estudio de los actores del Ensad. Al instante, un pequeño debate entre yo y mi colega sobre la pertinencia de decirle “bonito” a algo que es más.

Entramos. Se nos pide que todos, ahora sí, encendamos los aparatos móviles y “reventemos los megas”. Se solicita también que hagamos un seguimiento al twitter y cuenta de Facebook de Sandra Castro, la actriz. “La Campana”, de Julio Ortega cuenta cómo las redes sociales y la tecnología pueden dominar nuestros plásticos cuerpos y la vida misma. Pueden también hacernos caer en el sopor de la sociabilidad y las relaciones, cuando en realidad no lo estamos. Pueden, por último, hacernos creer que el Facebook es nuestro amigo y, en esa mentira, abrazarlo.

Las inquietudes que guían esta performance son las de cómo compatibilizar el acontecimiento real de una obra ficcional con la vida misma que transcurre siempre en vivo y en directo. Eso se aprecia en “La Campana” y le da un sentido que puede hacerla parecer como un diálogo, también una improvisación, y también una performance. Muchas cosas a la vez, pues hay una interacción y una construcción de la ficción con el público, pero que, evidentemente, responde a una tesis ya preparada. Es como si el juego entre la actriz y el público legitimara lo que es un sentir: vivimos relacionados y dominados por las redes y esta se encuentra en cada espacio de nuestras vidas. Inclusive en la ficción del teatro. El uso de celulares, cámaras y video aporta a (re)crear ese ambiente.  

La obra finaliza. Nuevamente el profesor de la casa de estudios sustenta: “Es repetitiva. Dos ideas durante todo el transcurso. No hay drama”.

Una de las organizadoras nos pide tomarnos a todos una foto. Nosotros seguimos con la resaca del alegato a la viviente e intrusiva presencia de las redes sociales en nuestras vidas. “Tan-tan”, suena la campana y aparecemos todos en una imagen de celular y de cámara profesional. Listos para ser etiquetados y publicados en algún perfil de Facebook. Sin conocernos, todos somos amigos.

Foto: Facebook de Narayana Visnu


20-02-15

viernes, 20 de febrero de 2015

Gracias policía









Agradezco mi flojera
Mi desinterés
Mis ganas de tirarme contra el asiento
Y apoyar la cabeza en la ventana 


Gracias señora policía
No por arrestarme
Sino por hacerme entender
Que soy yo quien debe siempre
Pasarle la voz al conductor
Decirle: “Puente baja”
Porque gracias a su presencia en la puerta
Sentí que bajaría en mi paradero
Cosa que no fue así


El carro siguió su camino
Y yo y mis pies sentimos: “Es hora de latear”



Pero me bajé con una sonrisa
“Quizá sea bueno caminar”
Pero… no solo es bueno caminar
Sino encontrar


Porque en esa vernácula rapsodia

 En la que una niña pensaba
Que este bigotón le iba a robar

Me encontré con el péndulo amigo
De igual look que el mío
“Feri…!”
Y el abrazo que siempre nos damos
Pues…
Volvió a darse al cabo de meses, serán años

¿Han visto las pelotas de ping pong?

Nosotros nos convertimos en pelotas de ping pong
En el lapso que es El puente con La Mar

Abrazo, sonrisa
Una quinita
Y plática del amor pasajero

Nos hemos jurado pasarla bien el sábado
Y así será.

Lo despido al tipo del mismo moño que el mío

También me encuentro con una artista
Que camina como un soplido

Encoge los hombros
Signo de su timidez vocacional


Camino adentro
Resolviendo dudas

Y haciendo sonar mis suelas en rotunda retirada

Entro a mi pabellón

Veo dos sombras a las que,
Con una acción, mi cuerpo
Es aturdido en luz

Luego, por los pastos,

Una espalda de cuadrados colores
Me dice: “Es el enfermo”
Y lo es

Hay que ver nomás cómo el canto lo ha explorado

Y el verbo ha hecho de él un profeta de
Exigua propaganda

Más le pesa, siempre,
El corazón

Frente a él hay una niña
De cabello unánime

Sus ojos son dos puntos

Y su sonrisa algo que repele a la malicia

Le doy una palmada

Ella me pide un abrazo

Sobrecogido se lo doy

Me lanza un resoplido: ¿Qué es lo que tienes?

Yo le pregunto a mi profe más tarde

“¿Hay gente que puede hacer llorar con un abrazo?”

Me siento consternado con mi nuevo superpoder

Ay… niña que llora
Ay… niña que ha dejado de amar

Ay… el compartir sin calor la cama
Ay… la lluvia


Dejo a la familia
En medio de poemas y proclamas

Los dejo

Me han llenado de vida

Gracias…

Gracias señora policía por todo

Gracias flojera y asiento

Gracias…

Pero…
Pero no gracias al teléfono
Llamada interrumpida
Voz sobrecogida
Desaliento y pertinencia

Pues
Como el poema
“Pero no llamas”

Y yo sí llamo


20-02-15

martes, 10 de febrero de 2015

Agenda cultural del martes 10: ¡Hoy estamos recargados! (Artículo solo para ser leído hoy)



Para los que quieren ser llevados a otras realidades, ser sacados de sus asientos y transportados invitados están a ver “La vicuña de Atik”, cuento de tradición cuzqueña acerca de un niño que emprende intensa búsqueda por salvar a una vicuña querida. Diego Lezama y Judith Retamozo están a cargo de los títeres. El auditorio del C.C. Británico de Pueblo libre (Av. Bolívar 598) abre sus puertas gratuitas desde las 7:30 pm.

Un artista de atípico nombre, Nicolás Le Bienvenu, practica “Un niño mago”, adaptación de la historia escrita por Ernesto Carpio-Tirado Lindley. Le Bienvenu, artista y mago, buscará con el entretenimiento demostrado hacernos saber que “todos tenemos un mago dentro”. ¿Lugar? El Británico se ha puesto las pilas: Auditorio C.C. Británico de San Borja (Av. Javier Prado Este 2726). A las 7:30 pm y con ingreso libre.

Si quieres algo más lírico, hoy es tu día. Lilian Cornelio o mejor conocida como Hatun Killa (Luna Grande) ofrecerá un show donde cantará temas populares de nuestra serranía. Pueden escuchar su voz y los instrumentos andinos en el Auditorio CC. Británico de Miraflores (Jr. Bellavista 531) desde las 7:30 pm en punto. El ingreso es libre pero la capacidad limitada. Avisado estás.

¡Nos vamos para el Centro familia! Muy lejos de Miraflores, en pleno centro de la ciudad, los alumnos más rankeados del Conservatorio Nacional de Música brindarán un recital de saxofón. El lugar es en el auditorio del competidor más cercano del  Brita’: Auditorio del Icpna de Lima (Jr. Cusco 446, a escasos metros de la Av. Abancay). La hora: 7:30 pm. ¡Cómo nos gustan estas competencias culturales!

Parece que este día resultará prometedor. Algunas cuadras más abajo del auditorio anteriormente citado, en la visitada casona de la Casa de la Literatura (Jr. Áncash 207, al costado derecho de Palacio de Gobierno) un particular tema de debate y diálogo empezará a las 7:00 pm.: “Proyectos culturales en centros penitenciarios”. Participan Kordula Lobeck de Fabris (Alemania), Pilar de la Torre (Cruz Roja), Michel Tarazona (Kinesferadanza), Rodrigo Vera (Colectivo Anima Lisa) y un representante del programa Bibliotecas en Contexto de Encierro de la Biblioteca Nacional del Perú. El ingreso es libre para un tópico reconocidamente… “contrario”.

Los conversatorios terminan con “La democracia y los colegios”. El educador León Trahtemberg y Deborah Meier, reconocida educadora norteamericana. Como lo califica la reseña de Luces, de donde saco todos  pero todos los puntos de cultura del día de hoy, el evento tratará sobre “una revolucionaria forma de pensar la educación”. Asistencia obligada y gratuita en el Auditorio del Centro Cultural Ricardo Palma (Av. Larco 770, Miraflores). Mínimo, un reportaje.

Para finalizar este recorrido de múltiples aristas culturales y artísticas se invita a todo el público en general a la exposición de los alumnos del último año de la Escuela de Bellas Artes que tiene por nombre “Futuro cercano”. Cabe mencionar que los alumnos de la Escuela de Bellas Artes tuvieron una destacada participación desde el ángulo cultural y activista en las recientes manifestaciones sociales contra la ley pulpín. Más allá de eso, se sigue comprobando que derrochan arte por cualquier lado que sea. Así que vean sus obras en la Galería Icnpa de San Miguel (Av. La Marina 2469) desde la noche inaugural de hoy que será a las 7:00 pm. Con su respectivo y posterior brindazo de honor.

Un solo consejo ante la prevista asistencia al evento: tenga cuidado con la mirada de una artista de arriesgada reputación. Dicen que suele gustar del mar y acoge tiernos felinos en su enredada cabellera.

Fuente: Luces 10-02-15

jueves, 29 de enero de 2015

Al perrito que me creaba las palabras…





La peor tristeza


La amarga soledad



El vacío hueco de una gran pared



El penetrante silencio de tus pasos idos




Ya la casa



Ya la casa sola está



Hemos cambiado orden por desorden


Y los movimientos de tu cola

Por un piso brioso



Me viene a la mente….


Un cuentito…

Ahora somos  fama


Ayer… dulces Cronopios

Tú

Yo

Sentado como un noble

Yo… jode que te jode

Orejitas…



Ya no hay lenguas



Ni patita de bolsita amarga



Ya no hay pelitos con deditos blancos



Aquellos pelos ásperos



Fruto de una caminata invaluable


No más… ladrido tosco, ni ojos marrones


Ya… ya no hay…



Paseo en la noche


Caminata en la mañana de promesa…



Ya no…


Ya no esa imagen tuya


Acostado en el piso


Junto a la puerta del cuidado infante


Ya … No…


Tu carita, tu carita de cachorro eterno e ingenuo no más…



Oiga! Que a veces temo, a tan pocos días,



Que tu recuerdo se me va…


Intento… intento captarlo en la memoria mía



Pero hay miedos insondables que me dicen


Ya se va… se va… se va sin retirada avisada



Hubo una vez en que mi padre


Se acercó


Su cara era señal de pérdida infinita


Y de su voz cansada se pudo oír:


Ya no es lo mismo sin el Rocko…


Una exigencia de aire,


Un movimiento de labios


Unas cejas que se caen…


Y veo a mi padre, quien me dio la vida


Morir de pena


Y la pena


Es expresada en llanto…


Yo…. Yo te oigo



Le oigo al padre


Que se refirió a ti en la hora del adiós



“Rocko, es noble! No sufre! No sufre…


Mi perro acepta!


Me siento como tú, héroe…


Y frente a mi padre…


Sin dejar de ver el techo



No lloro…


Pero…


Pero lloro por dentro


Catacumba humana…


Y… ya no

Ya no hermano

Hoy


Que más de cinco piedras te circundan



Sacudo mi pecho con tres toques y te miro



Y deseo que me cuides



Es lo que puedo hacer



Porque aquel cuerpito que tambaleante pero con brújula iba


Hacia mí a la llegada…


No… no estará más…


Mi guapito y lindo Rocko…


Ya no se sale más por estas noches…


Pero te aviso que hay lluvia


Y tu naricita gustará de esas plantas

Viejo…

Picho, vocal y letra

Ya no hay canto a la llegada

ni abrazo rico

Ya... no...  



29-01-15

martes, 20 de enero de 2015

Rocko loco…




El día de ayer la familia tomó una dolorosa decisión que hasta ahora no me la creo por lo rápida y fulminante que fue: se va nuestro Rocko.

De un día para otro no podía levantarse, sus patitas flaqueaban como hojitas. No podía sostenerse en pie. Luego de verlo en sus mejores años, en ver sus orejitas para atrás cuando corría indesmayable conmigo, abriendo toda la boca y sacando la lengua como signo de entera felicidad, mostrando el pechito blanco y buscando bronca cuando no la debía (fue hace unas semanas cuando en su punto de defensa de la casa se enfrentó a un pajarraco que se metió a la cocina), realmente ver sus días postrado en una cama, triste y con mucha soledad, pues ese era su futuro panorama, decidimos que no, que nuestro perro feliz y puro no podía vivir de esa manera tan mediana.

Recuerdo los deseos furtivos que tenía en el 2004 para tener un perro. La idea no cuajó en casa, idea que nació de un ¿y por qué no? De tener un perro. Mi tesón tuvo resultados cuando mi padre se dignó a decirme: sácate buenas notas y lo tienes. Eso hice y también la de pasar revista desde el carro que tomaba en 28 de julio a mi casa para ver qué perros veía. También cuando me iba al mercado o también de la escuela a  Campo de Marte que era el obligado lugar por donde debía pasar para llegar a 28 de julio. Mi vida era perros, quería uno. Un bóxer me atraía.

Llegó un día en que en clase nos hicieron quedar más de lo normal, o sea, había asesoría. Yo estaba sentado en la parte del medio escuchando y apuntando para sacarme aquellas buenas notas, cuando el tutor me llama: “Solórzano, su papá lo busca”. Un poco sorprendido salgo cuando veo a mi viejo y a su amigo Renzo que habían cruzado la pista desde su chamba en el Ministerio del Trabajo. Mi viejo me veía feliz, con esa sonrisa de quien tiene una travesura alegre entre brazos…


-Mira-me dijo, y de una cajita con disquetes que tenía apoyado en un murito de por ahí, había un perrito chiquitito, que miraba curioso las paredes y las cabezas de los también curiosos que le veían. Era mi perrito…

-Llévatelo pues

Me di  cuenta de mi sentido de responsabilidad y estoicismo cuando dije, pese a lo mucho que deseaba tener un perro:

-No, pa, es que salgo tarde, mejor llévatelo tú.

Y es que a esas horas tardías en que los carros pasan repletos, la gente no respetaba al escolar y lo mandaba al fondo. Realmente pasaban llenísimos y yo pensaba lo peor: ¿Y  si se aplasta? ¿Y si me lo roban? ¿Y si en la escuela donde tenía que guardarlo hasta la salida le jalaban feo la oreja? No, mejor no.

-Pa, llevatelo tú.

Mi papá me besó y se fue. Yo entré al salón y no recuerdo muy bien qué pasaba en mi cabeza. Pero creo que decía: “Ya tengo un perro, ya tengo un perro”.

Cuando llegue a casa, comprobé al bajarme que mis razonamientos tenían sentido: el carro estaba abundante.

Al abrir la puerta en esa noche de octubre, vi a mi mamá, mi papá y mi hermano Christian sentados en la sasa. En el medio estaba el perrito lindo ya salido de su caja de disquetes y conociendo su nuevo hogar. Yo me quede paradito y de a pocos, ganado por la confianza, entré. Lo veía, lo veía mucho. Y ensuciando mi uniforme de escolar me senté a su costado acariciándolo.

Qué sorpresa la que me había dado mi pa. Tenía hambre y sentí que sería mi hermano menor cuando le di de comer hígado cocido de la palma de mi mano. Primero me asuste pues pensé que me mordería pero mi perrito solo comía el hígado y pasaba su lengua. Era la primera vez que sentía aquello. Me sentía obligado a cuidar de él, cosa que he hecho durante la mayor parte de su vida. Como aquel día sábado en que, siendo cachorro aún, tenía hambre y yo no tenía ni pizca idea de cómo preparar un hígado. Lo hice pero creo que lo hice mal. Y en mi desesperación me tendí con él en el suelo. Él musitando ruiditos y yo llorando como un tontuelo porque no sabía cómo cocinarle su comidita al cachorrito bonito de color marroncito.

Rocko creció mucho, bastante y en la casa cuando íbamos de malas me decían pa’ asustarme de que se regresaría. Yo no respondía y tragaba la amargura. Hubo tiempos en que no lo sacamos mucho, cosa de la que me arrepiento.

Cuando ya aprendía de la calle, en algunos momentos tristes, solía salir con él. Me iba con mi perro los domingos en la noche a caminar por calles oscuras, sin luz. Por Mirones, por Elio, por Cipreses. “A ver, quién me hace algo, toy con mi perro”. Rocko caminaba, jalaba, olía las plantas, tiraba sus orejitas para atrás. Saltaba y yo admiraba su cuerpo. “Pucha, qué lomazo el de mi perro”. Tan temprana edad y ya sacaba caja… ¿Y yo? Ja. Yo vendría después.

Así, durante 10 años en que estuvo con nosotros.

No tengo muchas fotos con él, lamentablemente. Son cosas que me debo bien configurar. Pero… tengo la satisfacción de haberme hecho a cargo de un perrito, de no tratarlo mal, sino como se merecía un ser con vida que nos brindaba toda la nobleza y ternura “esa que nos hace falta cada día más”.

Ahora mi Rocko ya no está, me siento como un madero seco y ya no me salen más lágrimas. La casa está sola, ya no siento su compañía. Y así será durante el resto de los días, al parecer.

Pero mi Rocko siempre estará, siempre jadeando. Anda al frente de la casa cuidándola…

Su movediza colita ya no irá de un lado para otro y moviendo su cuerpecito como alguien que no puede controlarlo ni saltará con las dos patas delanteras tendidas en tensas direcciones. No…

Tampoco cuando me levante y al costado de mi cama vea sus orejitas extendidas para los dos lados. No… No… ya no más…

Qué triste mi Rocko, y pensar que hace unas semanas corríamos y caminábamos tranquilos por la acera de enfrente. Cuánta falta me harás mi perrito lindo, ¡Cuánta!

Te quiere mucho tu amigo, tu naricita húmeda, tu orejita,  tu pechito de piel crespa, tu mirada santa y los espacitos blanco que le añadían más toque. Ya nada… Ya nada…

Anda corre por donde quiera que estés. Y si está el abuelo, dile con un lamido y un salto que nos queda cuerda pa’ rato en este mundo y que lo queremos.

En lo que nos compete… “seguiremos salvándonos de nuestra soledad”.

¡Gracias, mi chico! ¡Gracias por todo, criaturita!

¡La muerte no es nada! ¡Sucia intrusa! ¡Bajo el tiempo que se va en un instante! ¡Bajo, bajo!

¡Mi chico! ¡Mi chiquitito! ¡¡Mi pipo!!

¡Qué grandecito y fuerte fuiste!

¡Te quiero! ¡Abrazos!

¡Adiós, mi picho! 

¡Adiós!


20-01-15

viernes, 26 de diciembre de 2014

Loros y palomas, miedo a que te caguen


El Centro no podía ser tan malo. No, señor. Las calles serán tremendamente sucias. Los mercados tendrán pisos casi verdes por las verduras que se dejan caer para ser pisoteadas. La bruma de los carros (¡los carros!) será aparatosamente insoportable y los jóvenes de los barrios altos mirarán con cara de desafío. Pero, ¿oír a las aves? Eso cambiaba las cosas.

Sentados en una placita abandonada por los años y recuperada por la construcción de una alameda, se veía cómo los transeúntes descansaban sus posaderas en las largas bancas de madera con respaldar de piedra. Nadie preguntaba si podía sentarse al costado de uno al ver un espacio libre. Simplemente lo hacían. Y era eso necesario para no interrumpir el momento que capturaba a los que estaban sentados: cada uno con algo para leer, cada uno con una historia que soltaba lazos y los sumergía en Dios sabe qué cosa. Metros más a la derecha, los carros pasaban sin ningún problema. Eran las 4:23 pm, y el infierno de Dos de Mayo no llegaba a extenderse hasta esa alejada calle del Centro.

Hubo algo, sin embargo, que hacía que los advenedizos –todos lo eran- levanten los ojos y los que llegaban tienten de preguntar si los asientos estaban ocupados: las aves. Cada banca que proporcionaba asiento a seis personas, tenía como columna un árbol frondoso. En total eran tres árboles que de grandes extendían sus ramas y copa hasta altas partes de edificios cercanos. La gente sentada de la plaza miraba con detenimiento las ramas y veía cómo aves de diversos tamaños y formas –pequeñas o gordas, cuellos largos o picos diminutos- se movían de aquí para allá. Entre la gente hubo quien miraba con cuidado. Él era un hombre que recordaba una historia bíblica en la que un hombre al ver hacia el cielo se queda ciego por la  cagada que le clavan una bandada de pájaro en los ojos. El hombre temía eso porque los respaldares de piedra y el piso cercano a donde se posan las aves estaba con muchos puntos blancos y crema: signos de los excrementos aviares.

Pero más allá de eso, él y quienes a su alrededor estaban sentados escuchaban extasiados como un sonido a selva. Sí, eso era. Un sonido de jungla, de abundancia animal, de comunicación de plumas, de emisión de cánticos y silbidos. Sorprendentemente, el viento que movía las hojas y ramas daba la apariencia de que había un inusual movimiento en esos ramales de la desamparada ciudad. Uno por uno fueron dejando sus lecturas y preguntas y miraron al cielo. Lima… Lima la horrible no lo era tan así. Había un oasis en ese desierto de ruido, cemento y malas caras que bien valía la pena que los caminantes se detengan, y escuchen.

Don Arnulfo, un lustrador de botas que  tenía su puesto en la misma placita, seguía, incólume del engañoso ruido selvático de la plaza, cumpliendo su trabajo.

Y el sonido persistía, y los hombres de la plaza cada vez más se sentían convencidos de que había sido una muy buena idea dejar sus quehaceres para ir a la plaza a leer por un momento. Tal decisión les hizo encontrar con una sorpresa, esa, la de supuestos loros que volaban en bandadas pero que no se podían ver bien pero sí oír. No los veían, pero qué importaba. Había un ruido encantador que los sonsacaba de sus cotidianas y citadinas vidas.

“Épale, qué buen sonido, qué increíbles esos loritos”, dijo el hombre del temor bíblico. Y movía su cabeza, recostado en la banca como estaba, hacia la parte de atrás para ver las añoradas avecillas verdes que tenían como paradero el Centro de la ciudad. Obstinado en su búsqueda, sin embargo no las veía. “Qué raro”, intentaba conformarse, y volvió a prender la oreja. Los demás lectores de las bancas y los recién llegados a ella se adaptaron al vecinal ruido de las aves nuevas y volvían a sus actividades. El hombre del miedo católico, no obstante, conmocionado por el impetuoso advenimiento de las aves fue a consultar a quien creía el más idóneo conocedor del fenómeno del sonido de la selva: Don Arnulfo.

-Mister, buenas-le dijo a Don Arnulfo-. ¿Ha oído? ¿Siempre es así? ¿Siempre hay aves por estas horas?

Don Arnulfo mantuvo un momento la concentración en el brioso moccasin que lustraba y luego le volvió la mirada.

-Sí, la grabación del hermano Elías a esta hora siempre da.

-¿Grabación?-respondió lelo y con la ilusión rota el hombre.

-Sí, pa ahuyentarlas y que no caguen las palomas, pue’ -y señaló la fachada de la Iglesia de al frente, lugar en donde en el techo habìan sendos parlantes. Era la última cosa que pudo haber visto el hombre.

El hombre veía algunas cuantas palomas entre los ropajes de una figura divina que parecía ser un santo romano. Al mirar con atención vio que se parecía al respaldar de mármol y al piso adyacente a la banca: estaba lleno de caca de paloma.

Arnulfo río de buena gana.

-Pero por la huea’ es… Mire nomás cómo se cagan las palomitas. Ja,ja,ja. El hermano debe estar como la Iglesia con su idea: cagao’ ja,ja,ja.

El hombre le devolvió la sonrisa y se fue intentando no ver para el cielo, recordando que podría ser el siguiente cagado, además del personaje de la biblia, el santo romano y el hermano Elías.


26-12-14

viernes, 12 de diciembre de 2014

¿Por qué me enamoré de L.? El periodismo, la opinión y esa Mujer



No sé si fue gracias a la mentira de la señora del kiosko o al efectivo yerro en el sistema de distribución del producto. Sea cual sea la razón, no terminé comprando Hildebrandt en sus trece (al final lo terminaría comprando en un kiosko del cruce de la Venezuela con Universitaria) donde la señora acompañada por su familiar sino El País, el reconocido diario de España.

Deben de comprarlo cuando se les presente la oportunidad. En serio. Está solamente un sol y su contenido le roba la frase a la del Trome (“cuesta cincuenta céntimos, vale mucho más”). Pocas fotos, escasísima publicidad (¡Aprende Tromercio!), muchos periodismo moderno, o sea, el informativo matizado por el de opinión –crítica por lo demás-.

Las noticias son de un corte distinto al que solemos consumir. Del tamaño de La República, El País ofrece informaciones detalladas sobre cada tema: hoy le tocó hablar sobre los recortes sociales del gobierno británico, la supuesta alzada de la economía griega, el fiasco de USAID en  Cuba con lo de los raperos contraculturales, la creación de un superhéroe que genere identidad unitaria entre los miembros de la UE, el director argentino Lisandro Alonso que últimamente trabajó con  Vigo Mortensen en una película y quien cuando no hace cine “siempre le quedará la agricultura”, etc.

Hay una sensación de que este diario sí reconoce a sus periodistas. No tendrá notas cortas pero de los informes que da, todos son firmados, todos tienen “su autor”. Porque cuando uno lee las informaciones de El Comercio, La República o Perú 21., ve que solamente los grandes reportajes llevan autoría, los mínimos no. Que no haya “mínimo”, o sea, notas cortas, puede dar luces del trabajo de este periódico.

En efecto. Y esto de las notas largas tiene su propia explicación: la publicidad y las fotos. Solamente hay 11 espacios publicitarios para las 40 páginas que este diario tiene. Por otro lado, atentando contra el mandato nacional, el periódico no le rinde culto a la fotografía. Fotos hay, pero no las grandilocuentes, las expresivas. No hay fotos que ocupen toda una página. No, hay las razonables, las referenciales, las que son guías. Más hay, y esto debe de ser de especial interés para el periodista, análisis, reportaje, información. Aquí la diagramación, la filosofía del diario y el cierre de filas ante la publicidad tienen como finalidad última la del trabajo del periodista y el ofrecimiento de lo que todos queremos: saber.

Ahora bien, es la primera vez que compro este diario y se dio por una mera casualidad. No obstante, estoy súper satisfecho. ¡Con decirles que no hay policiales! La única referencia hacia un asesinato era un reportaje que trata sobre recientes muertes entre ultras de equipos de fútbol. En lo que pude ver de este periódico, se hace un seguimiento de lo que dicen e investigan las autoridades policiales. Una cara completa para el análisis de la violencia en el fútbol. Aquí seguimos con el entripado Burga.

Y sí, estoy satisfecho. Más todavía al leer algunos comentarios del lector. Apenas leí dos cuando me llené de felicidad. Antes de ir con el País, leía el semanario de Hildebrandt. Esta vez le daban más al aspecto político: que Vilcapoma, que Christian Salas, que Figallo, que Belaunde Lossio, que López Meneses, que el fujimorismo, etc. Por último, las referencias al cambio climático que suelen hacer Francke y Basadre hicieron que termine completamente deprimido y con poca esperanza. Para variar, ya tocaban las monotemáticas historias del cuentista arequipeño que habla de que ya no puede tomar más y que su papá lo maltrataba. Decidí cambiar. Y cuando volteaba las páginas de El País, di con las de un ciudadano de Tenerife: G. Daniel Santana Bonilla.

“Luchemos contra todo tipo de violencia

Sigo indignado por lo incongruentes e hipócritas que somos. La muerte de un hincha ha provocado que se reuniesen no sé cuántos comités de antiviolencia; que el secretario de Estado de deportes y el ministro Wert realizasen declaraciones manifestando su rechazo, e incluso, estén hablando de cambiar las leyes; pero por la muerte de mujeres por violencia de género ya nadie se escandaliza. ¿Nos hemos acostumbrado a que muera cada semana una mujer o más en manos de sus parejas? ¿Hemos claudicado ya en la lucha contra esta lacra? Está clarísimo que las leyes y lo que se est{a haciendo hasta ahora no est{an produciendo los resultados que deberían: que no sigan muriendo mujeres, ni ninguna salga herida. Parece que hay algunas muertes más importantes que otras”.

A este serio comentario le siguió uno de Marta Campderrós de Barcelona.

“¡Cómo cuesta decir que no!

Hace unas semanas me llamaron para cubrir una vacante en una agencia de publicidad y relaciones públicas. Los requisitos que se pedían era: más de dos años de experiencia en otra agencia, conocimientos avanzados de inglés y francés y jornada laboral completa (incluido el fin de semana). Me presenté a la entrevista con la esperanza que las condiciones fueran acorde con los requisitos. ¡Ilusa de mí! Me ofrecieron un periodo de prueba de tres meses sin remuneración y, si finalmente la agencia decidía que era la candidata idónea, un salario de 600 euros después de estas “prácticas”. Dije que no. Y ¡cómo cuesta decir que no! Pero lo dije por todos aquellos luchadores que trabajan día tras día, porque esta situación laboral tan injusta cambie. Porque si nos conformamos nunca habrá cambio” [el énfasis es mío].

Los comentarios lo dijeron todo. A lo que yo añadiría algunos razonamientos más para este escrito. Primero que sobre el primer comentario pensé que era mujer y me llené de brasa pura. Ahora que reviso y veo que es hombre pues me conforta saber que el discurso feminazi de que los hombres somos una cagada y media se va para el tacho. Lo otro es que el segundo comentario me hizo recordar a la chica de la que me enamoré y por la que ahora mi vida da algunos tumbos. Bastaba oír su indignación, sus alteraciones que me sacaban de mi limeño sosiego. Era una locura, una energía en pantalón morado y blusa ligera. Ella no está conmigo ahora, pero por un momento sentí que leía un comentario por ella escrito y la sentí cercana. Sentía su joda y su derecho y libertad para decirlo. Lo leo de nuevo y pienso en ella y su valor: “Porque si nos conformamos nunca habrá cambio”.

Por eso no es difícil responder a la pregunta. En ella encontraba ganas extensas de vivir y el coraje para hacer que eso se cumpla... Eso era ella, poesía entera.

13-12-14