La semana pasada un jugador me
metió un fonavi, me dijo, con peligrosa voz –o sea, le menos pensada-: Oiga, le renovaremos el contrato por un año
más. Es usted el trabajador que necesitamos. Y no pensé mal por la mermelada
porque de mermeladas sabía bastante en mi tiempo en el Estado. Todo el
servilismo del que había oído en novelas, historias y bromas, lo vi realmente
alguna vez en mi trayectoria como practicante.
Por un momento pensé en mis
amigos de Mirones, esos lacras de m… que llamaban y gastaban bromas en el cole.
Por eso pregunté. ¿Nombre? Me
respondieron. Juan Pérez. Más zonzo. Solo porque estaba noqueado me la tragué. La
billetera pagó pato en la noche. A los días me enteré que todo era una
falsedad. Fuiste. Cosa curiosa, empero: al que me hizo la broma lo terminaron
botando a la mala de la chamba, yo salí porque había vencido el tiempo de
contrato.
Han pasado los días, y hoy me
llamó un buen pata que enseña en la universidad. Es loco que diga buen pata,
pero uno siente verdaderamente cuando uno es buen pata. Me fonéo, me dijo: “Oye
huevón pareciera que yo estoy haciendo tu chamba. Estoy acá en Cantagallo
(¡Dice-y lean esto bajo verdadero paréntesis- que al barrio la gente de ahí le
dice Cantapollo o Cantachicken! ¡Habla bien!) y ya estoy contactando gente”.
Re-mate de risa. Sigue el Fiteca. Nos tiramos una hora hablando por fono. Me cuadraba sobre Levi
Strauss y su estructuralismo (a lo que yo escuchaba condescendientemente, aguaitando), me
hacía sus comentarios sobre la antropología urbana, le hacía comentarios sobre
Néstor García Canclini, escuchaba mis rajes sobre un tal G. Portocarreo, por ahí me hablaba de
los shipibos y cosas muy locas sobre la alteridad. En fin, blablablá de temas.
Entre ellos, el más positivo…
-¿Oe y dónde estás que escucho
puro auto?-le pregunté a la firme.
-Ah, estoy por Colonial con
Universitaria esperando mi carro que por tu culpa se me han ido como dos
conche...
Recontra locazo, me entero que su
viejita vive en Mirones. ¡Habla bien!
-¿O sea eres de Mirones, amigo de
Cachín?
Solo le faltó que diga “Ah, no”.
Para entonces, como buen canchero, ya había soltado sus buenos pares de
lisuras. Elegante el socio. Elegantón porque estudio en el 1154 la primaria y
la secundaria la hizo en el Hipólito. O sea, un hijo ilustre de Mirones es
antropólogo y además enseña en la Cato. Como comprenden, ambos son dos datos
que llenan de orgullo a la colectividad del barrio, así que tu discursito
criticón, si es que lo tienes, se va rondando por tu anillo. Por mi parte,
estoy organizando un buen material de preguntas pa’ hacerle un perfil. Así como
así no se encuentran personas chéveres.
¿Y por qué escribo esto? Porque
el tío me tendió una mano (con la organización y con la tesis), de la recontra
nada, y no es por echarme arrocito pero con las personas yo también me porto
elega. Como dicen los bravos: “Ah, no”. El mundo, esta esfera que se va
poniendo cada vez más candente y naranja, da sus buenas vueltas
Foto de Sebastiao Salgado, de su libro documental "Workers"
09-04-17